Una narración del foro en http://www.lanacion.cl/duro-cruce-pinera-meo-marco-debate-presidencial/noticias/2009-11-06/090804.html
¿En los debates presidenciales, a quién le hablan los candidatos?
1. A los electores.
2. A ciudadanos que tienen una historia pasada y por construir.
3. A los reporteros.
4. A sus contendores.
¿Para qué?
1. Quieren conseguir votos.
2. Quieren colocar en la mente de los receptores unas ideas específicas (quizás una invitación hacia el futuro).
3. Quieren generar recordación.
4. Quieren derrotar a sus contendores en el debate (quieren demostrar que son mejores).
A juzgar por lo discutido en el debate reciente de la ANP, lo que los candidatos quieren demostrar, a la mayor cantidad posible de gente, es que son las personas más calificadas para ser presidentes. Y se trata, por supuesto, una demostración comparativa. "El mejor presidente", es el rótulo que los candidatos deben colgarse, al tiempo que demuestran a los ciudadanos, con sus ideas, con su carácter, con su inteligencia, que son mejores que la competencia.
Y pareciera que todos estamos de acuerdo. ¿Quién "ganó" el debate? ¿Quién habrá convencido más? (O sea, ¿quién habrá podido mostrar más convincentemente que sería el mejor presidente?) Este es el tipo de preguntas que los hinchas de uno u otro candidato nos hacemos al final. ¿Podríamos soñar que nuestro candidato quede en el primer o segundo lugar de la votación?
La respuesta a las dos primeras preguntas probablemente sería: "5. Todas las anteriores", aunque en diferente orden de importancia, de acuerdo al candidato. El que percibe que tiene posibilidades reales de llegar a segunda vuelta, privilegiará el punto 1: se dirigirá a los electores, para conseguir votos. En ese empeño, deberá derrotar a sus contendores en cada debate, con la resonancia de los medios masivos.
Dicen que Arrate no tiene posibilidades de llegar a segunda vuelta, y por eso se muestra más relajado en los debates: con menos presión para demostrar su superioridad potencial como presidente.
Pero quizás esta situación de "ventaja" debería servir para cambiar el eje, para cambiar el estilo. Quizás Arrate podría abandonar resueltamente el enfoque de conseguir votos y de mirar al ciudadano desde el filtro de su capacidad de voto, para dirigirse al ciudadano, que debe pensar por sí mismo y cuya acción menor e infinitamente menos importante es la de votar. Arrate podría darse el lujo de decir: "no voten por mí, porque ni yo, ni ningún presidente puede resolver nada de fondo", y al lado de esto podría poner el énfasis en esos problemas de fondo. Particularmente podría irle dando forma, laboriosamente, a una política de Estado, de largo plazo, para ser configurada y realizada por muchos, incluyendo a la derecha (si es capaz de pensar con compromiso el país).
Nueva Constitución, sí, pero ¿para qué? ¿cuál es su necesidad? ¿cuál sería su contenido? Renacionalización del cobre. Nuevos criterios respecto a la educación, la salud, a partir de la experiencia y la opinión de los ciudadanos. Etcétera.
En resumen, aunque una campaña presidencial es para elegir presidente, es también un momento inmejorable para concentrar la atención de la ciudadanía en los problemas de fondo en vez de ofrecer soluciones sacadas del sombrero: para entender estos problemas colectivamente y comprometerse en conjunto para enfrentarlos. Y de paso, comenzar a construir un nuevo consenso nacional.
viernes, 6 de noviembre de 2009
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